¡Hola!
Tu cuerpo tiene formas de prepararse para la actividad y de recuperar la calma. Ambas son necesarias. Para entender cómo pasa de un estado a otro, conviene conocer al nervio vago.
El nervio vago nace en el tronco del encéfalo y desciende por el cuello hacia el tórax y el abdomen. Conecta el cerebro con órganos como el corazón, los pulmones y parte del aparato digestivo. Es una vía importante del sistema nervioso parasimpático, que participa en funciones automáticas relacionadas con el descanso y la digestión.
La comunicación viaja en ambos sentidos: el cerebro envía señales a los órganos y recibe información sobre lo que ocurre dentro del cuerpo. Por eso, respirar, notar el latido o sentir el estómago son experiencias que nos recuerdan que el cuerpo está respondiendo continuamente a lo que vivimos.
El nervio vago participa, entre otras funciones, en la regulación del ritmo cardíaco y la actividad digestiva. Pero no actúa solo ni funciona como un interruptor que podamos encender a voluntad. Nuestro bienestar depende de muchos procesos que trabajan juntos.
¿Qué podemos hacer en la vida cotidiana? Crear espacios para observar cómo nos sentimos. Respirar con suavidad, caminar a nuestro ritmo, comer sin tanta prisa y dar un cierre a la jornada son maneras sencillas de prestar atención al cuerpo. No se trata de alcanzar una calma perfecta, sino de reconocer cuándo necesitamos bajar el ritmo.
En AVN creemos que conocer el cuerpo nos ayuda a cuidarlo con más consciencia. Escuchar sus señales puede ser el primer paso para construir hábitos acordes con nuestra vida.
Flora y José Luis
Coordinadores AVN

